El paisaje me envuelve; siempre está ahí, y a menudo me invita a contemplarlo. Hay momentos en los que siento la necesidad de recoger lo que tengo delante. No busco solo un lugar hermoso, sino aquel en el que la luz, el espacio y el tiempo confluyen para crear una atmósfera que me conmueve. A veces basta un instante para reconocer una escena que merece ser fotografiada; otras, es necesario esperar hasta que se revela algo que permanecía oculto. Las imágenes que reúno aquí son el resultado de esa espera y de esa manera de mirar.












Cada paisaje es y será un encuentro distinto; todos me proponen que el momento vivido se convierta en algo perdurable. Cuando abandono un lugar, el paisaje permanece, pero la emoción que sentí viaja conmigo, y ese es, para mí, el regalo más valioso de mis viajes. Los lugares cambian con la luz y con el tiempo; la emoción de haberlos contemplado sigue dentro. Estas imágenes nacieron de la paciencia, del asombro y del respeto. Si al contemplarlas consiguen también retener la atención un instante, habrán cumplido su propósito.