Detenerse a mirar

Una conversación sobre fotografía y la manera de mirar

Fotógrafo · Profesor de Física y Química

En julio de 2015, la revista Andalucía Educativa publicó una entrevista en la que conversábamos sobre enseñanza, ciencia y fotografía.

La selección que sigue reúne aquellos fragmentos dedicados a la fotografía. En ellos se recoge mi forma de entenderla y la manera en que me acerco a cada imagen. He querido recuperar estas páginas porque, más allá del contexto en que surgieron, siguen reflejando una forma de mirar que permanece. Pueden leerse también como una sencilla declaración de intenciones y una invitación a conocer mejor la mirada que hay detrás de las fotografías de esta web.

¿Por qué la fotografía como forma de expresión artística?

Supongo que, cuando uno quiere transmitir algo que ve, que siente o que le emociona, necesita elegir una forma de expresión. La fotografía fue la que me llamó la atención desde pequeño.

¿Cómo y cuándo comenzó a interesarse por esta forma de expresión?

Tenía unos catorce años cuando, durante un viaje a Barcelona, mi prima me prestó una cámara réflex, en concreto una Yashica TL-electro. Era un objeto fascinante; de esos que uno percibe como valiosos y, al mismo tiempo, misteriosos.

Aquella experiencia me cautivó. En ese mismo viaje descubrí también el pequeño cuarto oscuro que había improvisado en una habitación de la casa. Ver cómo una imagen aparecía poco a poco sobre el papel fue algo que me impresionó profundamente.

¿Cuáles son las cualidades de una buena fotografía? Y por extensión, ¿qué cualidades debe tener un buen fotógrafo?

Una buena fotografía es capaz de captar tu atención, tiene que decir algo, y ha de ser observada sin que te canses de mirarla. Casi nada …

Para mí, los dos aspectos que más contribuyen a la creación de una buena fotografía son la composición y la luz. Creo que un buen fotógrafo siempre está atento.

“Hay que saber mirar”

Es lo que habitualmente se conoce como tener un «buen ojo fotográfico». Son muchas las ocasiones en las que un amigo te dice «yo también estaba allí contigo, pero no vi aquello que ahora me enseñas en esta foto».

Cuando has hecho muchas fotografías y de repente percibes una escena en la calle y no llevas la cámara, puedes componerla en tu cabeza y, sin llegar a capturarla, imaginar cómo resultaría.

Quiero decir que puedes estimar los posibles resultados que se obtendrían según el objetivo que emplees, y el posterior procesado que lleves a cabo con el ordenador. Creo que esa capacidad de anticipar una imagen nace, sobre todo, de la experiencia acumulada.

¿Hasta qué punto puede una lente ser fiel a lo que mira nuestro ojo? O, dicho de otro modo, ¿no es el ojo humano la lente más perfecta?

Sin duda, el ojo es la lente más perfecta. Aun así, cuando una escena llama mi atención no solo la observo con los ojos; también empiezo a imaginarla.

Pienso en la fotografía ya terminada, y es entonces cuando decido qué objetivo utilizar. Según el objetivo que emplees, obtendrás un resultado u otro y la diferencia resulta descomunal. Nada tiene que ver una imagen realizada con un gran angular o tomada con un teleobjetivo.

La elección del objetivo determina el carácter de la fotografía. Es una de las reglas básicas. Sin embargo, no siempre es posible disponer del objetivo ideal. A veces la fotografía aparece de improviso y hay que conformarse con el que llevas montado en la cámara. También eso forma parte de la fotografía.

¿Se puede aprender a mirar?

Me parece una bonita pregunta. Estoy convencido de que se puede aprender. La mirada también se entrena. Un fotógrafo de arquitectura acaba desarrollando una mirada diferente a la de un reportero de guerra.

La percepción de cada uno acaba siendo más fina y más aguda en su propio ámbito de trabajo. Es verdad que ayudan ciertas aptitudes, como la capacidad de observación, la creatividad o un cierto sentido estético, pero también resulta fundamental entrenar la mirada.

Pienso también que los resultados que obtienes influyen en tu forma de mirar. Hay una influencia mutua entre aquello que miras y lo que al final consigues a lo largo de todo el proceso, desde que tomas la fotografía hasta que terminas de procesarla.

Por eso creo que la forma de mirar influye en el resultado y el resultado condiciona la forma de mirar. La satisfacción con la imagen final influye también en tu manera de volver a mirar. Siempre hay detalles que corregir, matices que destacar porque habían pasado desapercibidos o aspectos que eliminar.

Creo que la mirada está ahí, y creo además que la mirada se aprende y evoluciona.

“Creo que la mirada está ahí, y creo además que la mirada se aprende y evoluciona”

¿Prefiere la fotografía analógica a la digital? ¿Cuáles son, a su entender, los beneficios de una y otra?

Aprendí a hacer fotografías en la época de la fotografía analógica, cuando las cámaras utilizaban película y la imagen necesitaba un proceso químico de revelado en el cuarto oscuro. Obtener resultados de calidad no estaba al alcance de cualquiera; requería medios, tiempo y mucha dedicación. Por eso las condiciones de disparo, la composición y la escena se elegían con especial cuidado.

Las actuales cámaras digitales de objetivos intercambiables siguen obligándonos a pensar del mismo modo: medir la luz, elegir la velocidad de obturación y la apertura del diafragma. Pero por encima de todo, la esencia de la fotografía permanece intacta: composición y luz siguen siendo los elementos esenciales del mensaje. Lo que ha cambiado es el soporte.

La película ha sido sustituida por un sensor y el cuarto oscuro por el ordenador. Esa transformación ha revolucionado la fotografía y ha ampliado enormemente las posibilidades creativas.

Sin embargo, lo que en principio parece aportar solo ventajas también tiene su lado menos evidente. Si no seleccionas adecuadamente tus disparos, el trabajo deja de estar en el momento de hacer la fotografía y pasa a la elección de qué imágenes merecen realmente ser procesadas.

En conjunto, creo que la fotografía digital ha aportado muchas más ventajas que inconvenientes. Ha puesto esta forma de expresión al alcance de muchas más personas y, con destreza y creatividad, permite alcanzar resultados de gran calidad. Pero, por encima de la tecnología, sigue exigiendo lo mismo que la fotografía de siempre: saber mirar y saber elegir.

¿A qué fotógrafos admira y por qué?

Son muchos los fotógrafos que admiro. Si tuviera que mencionar algunos, elegiría estos:

Ansel Adams, por su perfeccionismo y su búsqueda del máximo detalle, que culminó con su método del «sistema de zonas». Creo que fue precursor de la imagen de alta resolución, tan apreciada actualmente.

Edward Weston, por su elegancia y por la creatividad que muestra en el uso de las formas. Capaz de hacer que un pimiento sugiera un desnudo femenino.

Philippe Halsman, porque llevó la fotografía de retrato a una de sus máximas expresiones.

W. Eugene Smith, por la fuerza y por la rotundidad de sus imágenes, capaces de hacer que inventes una historia cuando las contemplas.

Steve McCurry, por su extraordinario dominio del color.

Elliott Erwitt, por su sentido del humor.

Abbas, porque sus imágenes hacen que te pares a pensar en la suerte que tienes.

Sebastião Salgado, por la profundidad de su obra, por saber estar en el lugar preciso y porque una de sus fotografías consiguió sacarme una lágrima.

¿Cree que el uso del Photoshop le resta valor a la autenticidad de una foto?

Las buenas cámaras digitales generan un archivo RAW, es decir, un archivo que conserva toda la información captada por el sensor. Su gran ventaja es que permanece intacto: cualquier ajuste que realices puede modificarse o deshacerse sin alterar el original. En cierto modo, equivale al antiguo negativo fotográfico.

Del mismo modo que la película debía revelarse en el cuarto oscuro, el archivo RAW necesita un proceso de revelado digital. Ahí es donde intervienen programas como Photoshop o cualquier otro programa de edición de imágenes. Por eso no creo que el uso de estos programas reste autenticidad a una fotografía. Forman parte del proceso creativo del mismo modo que el cuarto oscuro formaba parte de la fotografía analógica.

Lo importante, una vez más, no es la herramienta, sino la mirada de quien está detrás de la cámara. Editar una fotografía no significa inventarla; significa terminar de construir la imagen que ya estaba en la mirada del fotógrafo.

Una pregunta cliché: ¿Cómo conjuga su pasión por la fotografía y la creatividad que esta conlleva con el mundo de la ciencia?

Para mí la fotografía es un deleite y convive de forma natural con mi trabajo como profesor de Física y Química. Intento afrontar ambas actividades con la misma creatividad y en los dos campos encuentro dificultades, aunque también enormes satisfacciones.

La fotografía me mantiene atento cuando llevo la cámara conmigo y también me enfrenta a la frustración cuando no consigo la imagen que había imaginado. Sin embargo, muchas veces las mejores fotografías aparecen de repente, cuando menos las esperas.

En la enseñanza ocurre algo parecido. Cada día intento aportar un poco de ilusión, porque estoy convencido de que esa actitud es la que permite mantener vivo el interés por aprender. Resulta muy gratificante comprobar que un grupo de alumnos, o incluso uno solo de ellos, ha comprendido aquello que intentabas transmitir.

Con el paso del tiempo he comprendido que la fotografía y la enseñanza no son actividades tan distintas. Ambas exigen observar con atención, aprender continuamente y tratar de transmitir algo que merezca la pena. En las dos, todo empieza por una misma actitud: saber mirar.