La calle ofrece un escenario inagotable para la fotografía. En ella conviven, al mismo tiempo, situaciones cotidianas, gestos inesperados, encuentros, silencios o escenas que pueden resultar dramáticas, cómicas o profundamente humanas. Precisamente esa abundancia es, para mí, la mayor dificultad de este género: decidir dónde detener la mirada entre todo lo que sucede. Creo que la fotografía de calle exige estar atento y disponible. Muchas veces el instante aparece y desaparece en apenas un segundo. Tener la cámara es importante, pero aún lo es más conservar la atención y reaccionar cuando ese momento único se presenta ante ti.












Cuando hago fotos de calle intento estar presente sin invadir, observando sin prisas momentos que me sorprenden. Detrás de cada uno de esos momentos hay una historia que nunca conoceremos del todo y que sólo podemos imaginar. En la calle nada se repite. Cada paso, cada gesto y cada mirada son únicos, y reconocer esos instantes es algo que me llena de entusiasmo. La calle no necesita escenarios porque ella misma es la historia y la protagonista. La fotografía de calle es para mí un ejercicio de atención, discreción y empatía. Mi intención es señalar instantes que merecen detener nuestra mirada. Camino atento, esperando que un gesto, un movimiento o una coincidencia revelen algo que merece permanecer.