Cuando una sensación visual me conmueve, siento el deseo de retenerla. La fotografía es la forma que conozco de hacerlo. Gracias a ella conservo fragmentos de mi vida que permanecen abiertos al recuerdo. A veces una escena me sorprende y reacciono de inmediato, si la cámara me acompaña. Otras salgo a buscar una imagen que ya intuía antes de verla. En ambos casos, cada fotografía nace de una misma ilusión. Mi proceso creativo suele desarrollarse en dos etapas. La primera consiste en detener el instante. La segunda, más pausada, intenta dar forma a aquello que percibí en el momento del disparo y que, con el paso del tiempo, descubro como su verdadera esencia. Es entonces cuando la composición y la luz buscan el equilibrio más fiel a lo que sentí al fotografiar ese momento. Tras el reposo, vuelvo a contemplar la imagen. Entonces creo haber llegado al último paso, aquel en el que siento que ya no debo seguir modificando porque se expresa aquello que buscaba.

Las imágenes reunidas en estas Muestras son un ejemplo de mi recorrido fotográfico. Reproducen lugares, tiempos y géneros distintos, pero todas comparten una misma intención: recordar que el mundo está lleno de instantes que merecen ser contemplados. Porque, al fin y al cabo, «el mundo es maravilloso y merece la pena detenerse a mirar«.

a ver, es una prueba

Hay piedras que no conservan el pasado; conservan el tiempo.

La arquitectura es arte y técnica, modelado del espacio y diálogo con la luz. Cuando alcanza el equilibrio, el resultado puede ser admirable; emociona, invita a la contemplación y permanece como fuente de disfrute para quienes la habitan o simplemente la miran. Ésa es una de sus mayores virtudes.

Una ciudad no se conoce sólo recorriendo sus calles; hay que vivirla. También hay que detenerse, dejar que respire y escuchar aquello que cuenta en voz baja. A veces es necesario dejarse sorprender. Sólo entonces comienza a revelarse de verdad.

La luz modela las formas, pero siempre conserva su capacidad de revelar aquello que permanecía oculto. Ya sea en un paisaje o en una escena cotidiana, acompaña a quien decide mirar con calma y descubrir la belleza que a menudo pasa inadvertida.

La geometría no sólo se expresa a través del lenguaje de las matemáticas. También es una forma de belleza cuando el espacio, la proporción y la luz encuentran un mismo equilibrio. Entonces comprendemos que la arquitectura no consiste únicamente en construir edificios, sino también en despertar emociones. A veces basta cambiar el lugar desde donde miramos para descubrir formas que siempre estuvieron allí, esperando una mirada distinta.

Los espacios no existen hasta que alguien los vive. Los espacios no pertenecen sólo a quienes los crean ni a quienes los mantienen; también son de quienes los descubren con la curiosidad y el entusiasmo de los exploradores. Visitar una ciudad no es únicamente descubrir nuevos lugares. También significa aprender a reconocer la belleza de sitios que esperan pacientemente una mirada atenta.

Cuando se muestra ante ti un paisaje fascinante, la emoción puede llegar a bloquearte, porque deseas captar con fidelidad toda la grandeza que tienes delante. Es entonces cuando ha de imponerse esa calma que conduce primero al detenimiento y después a la reflexión. Sólo así encuentras la actitud adecuada para realizar la fotografía que buscas. La experiencia no elimina la emoción; simplemente enseña a convivir con ella.